El desafío de vivir con un organo trasplantado.

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Desde la primera experiencia llevada a cabo en 1933, los avances generados en las técnicas así como también el desarrollo de medicamentos que contribuyen a evitar el rechazo del nuevo órgano por parte del receptor; son aspectos fundamentales para garantizar el éxito de las intervenciones. En la Argentina, en lo que va de este año, se hicieron 670 trasplantes pero todavía hay 5.449 personas en lista de espera.

Buenos Aires – «A los nueve años me diagnosticaron problemas renales y a los 18 años me operaron a cielo abierto por primera vez. Desde ese momento y hasta los 33 años atravesé diferentes etapas hasta llegar a la diálisis en la que permanecí un año y medio que fue muy difícil de sobrellevar. Yo era muy delgada y no podían encontrarme las venas, razón por la cual me hicieron aproximadamente 20 intervenciones. Finalmente, mi padre me donó el riñón y a partir de ese momento, gracias a la ingesta de medicamentos -que continúo hasta hoy- no sólo nunca experimenté rechazo hacia el órgano por parte de mi cuerpo sino que además llevo una vida absolutamente normal», postuló la señora Adriana Pizzoleo, quién reforzando su testimonio agregó: «Es más, tengo un hijo de 25 años».

El trasplante de órganos es una realidad médica que ya cuenta con 75 años de historia, registrándose el antecedente más antiguo en 1933 cuando el médico ruso Y. Voronoy realizó la primera intervención renal durante la cual un joven en coma urémico recibió el riñón de un hombre de 60 años. Los órganos funcionaron correctamente por dos días, período luego del cual el paciente murió.

Otro hito se marcó en 1954 al alcanzarse el éxito luego de un trasplante de riñón entre gemelos univitelinos. Esa década fue muy fructífera pues también se concretó el primer trasplante en la Argentina -país pionero en Latinoamérica- pero además se avanzó notablemente en el campo de la investigación inmunológica para el desarrollo de los inmunosupresores que hoy conocemos.

«Estoy enfermo desde los 26 años y tuve que someterme al trasplante de riñón tres veces. En dos oportunidades recibí órganos femeninos y en una masculino. La primera operación se hizo en Francia. Más allá de las intervenciones reiteradas, siempre pude llevar una vida normal en la cual ocupa un lugar preponderante la práctica de actividad física», expresó el licenciado Ricardo Adrián Arce, presidente de la Asociación de Deportistas Trasplantados de la República Argentina (ADETRA), una institución creada en 1996 y cuyo objetivo principal es colaborar con el Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI) en las campañas de concientización sobre la relevancia de la donación de órganos, haciendo foco en la importancia de realizar deportes y actividades físicas y sociales que contribuyan a mantener una buena calidad de vida. De hecho, ADETRA organiza los Juegos Nacionales y Latinoamericanos para deportistas trasplantados y participa desde 1995 de la celebración -cada dos años- de los Juegos Mundiales.

Uno de los principales problemas de quienes deben afrontar la vida con un órgano de otra persona no pasa tanto por la necesidad de tomar varias medicaciones, sino por la falta de un marco legal que los contenga, pues en nuestro país, las personas trasplantadas no están contempladas en la ley de discapacidad pero, para el derecho laboral por ejemplo, tampoco son individuos «normales» dado que su condición implica un riesgo que muchas veces puede hacerles perder su trabajo.

Si bien la ley del donante presunto ha marcado un avance en la búsqueda por regularizar la situación de la donación de órganos, a nivel local el sistema de salud todavía está lejos de lo que es considerado como el «paradigma»: el sistema español.

«Todavía tenemos muchas trabas. Desde el punto de vista de la disponibilidad de órganos, aún existiendo la ley, la donación es un tema que involucra facetas personales, sociales, religiosas y morales -entre otras- en las cuales una persona puede basarse para decir con todo el derecho ‘yo no dono mis órganos’. Otra arista es lo que tiene que ver con el apoyo no sólo financiero sino también desde el punto de vista de la comunicación, a las actividades deportivas que realizamos los trasplantados, o a las maratones, caminatas y demás eventos que puedan hacerse», refirió Arce.

Por su parte, el doctor Jorge Argento, presidente de la Sociedad Argentina de Trasplantes (SAT) consignó: «Personalmente no creo que la barrera en nuestro país esté dada tanto por la negativa de una persona o sus familiares más cercanos a donar. Pienso que el inconveniente pasa más por una falla estructural en la detección de posibles donantes».

«La mayoría de los órganos provienen de personas fallecidas como consecuencia de enfermedades cardíacas o accidentes cerebrovasculares, aunque también hay un porcentaje considerable obtenidos de accidentes domésticos o suicidios», aclaró el doctor Argento quién además señaló: «Si bien en 10 años pasamos de hacer 591 a 1.143 trasplantes por año; según el INCUCAI todavía hay 5.449 personas en lista de espera, mientras que 670 ya lograron ser trasplantadas en lo que va del año».

El trasplante y después
Aunque el período que transcurre desde la aparición de los primeros síntomas hasta la concreción del trasplante (en el cual deben atravesarse etapas dolorosas como la mencionada espera o la búsqueda de donantes compatibles), lo cierto es que luego de la intervención empieza otra vida para la persona que recibe un órgano.

La reacomodación a la nueva situación requiere no sólo de todo el apoyo y la contención sino también de extremados cuidados que incluyen la ingesta de fármacos inmunosupresores, capaces de inhibir y suprimir la respuesta inmunológica a un antigénico externo o interno.

Utilizados para la prevención del rechazo en los trasplantes pero también en otras condiciones como la psoriasis, la enfermedad de Crohn, la artritis reumatoidea, y la esclerosis múltiple, entre otras; dentro del amplio abanico de los inmunosupresores se encuentra la Ciclosporina A del laboratorio Novartis que por estos días celebra el 25º aniversario de su aprobación e inclusión en el mercado mundial.

«Antes que existiera este medicamento, el rechazo se trataba o se intentaba prevenir con radiación o con otras drogas. Sin embargo, su desarrollo permitió bajar las tasas de rechazo de los órganos trasplantados a la mitad y modificar la sobrevida de los injertos renales pasando de 50 a 80 por ciento al año y de 25 al 60 en cinco años. Pero además, éstos avances abrieron el camino a nuevos desarrollos que fueron surgiendo y que hoy en día siguen siendo vitales», concluyó el doctor César Agost Carreño, médico nefrólogo.

Número de matrícula de los especialistas consultados
– Doctor Jorge Argento: M.N. 95.287
– Doctor César Agost Carreño: M.N. 27.400

Para mayor información:
– Instituto Nacional Central Único Coordinador de Ablación e Implante (INCUCAI): http://www.incucai.gov.ar
– Sociedad Argentina de Trasplantes (SAT): http://www.sat.org.ar
– Asociación de Deportistas Trasplantados de la República Argentina (ADETRA): http://www.adetra.com.ar

(NV) 13,40 hs.-

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