En 2010 hubo récord histórico de donantes y trasplantes de órganos

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El año 2010 hubo récord de trasplantes: 1.294 personas recibieron uno o más órganos, 11 más que en 2008. Se realizaron además 932 trasplantes de córneas. Esto fue posible porque también se registró un récord de donantes reales: 583, con lo que Argentina alcanzó una tasa de 14,54 donantes por millón de habitantes (PMH), dos puntos porcentuales más que en 2009.

La Ciudad duplica esa tasa, 28,5 PMH, y también es récord (82 donantes). “El año pasado, la negativa familiar descendió a un 35%, cuando teníamos cifras superiores al 40%”, cuenta la directora de Buenos Aires Trasplante (BAT), María del Carmen Bacqué. La provincia de Buenos Aires, por su parte, por primera vez superó la barrera de los 200 donantes.

¿Se debe a que los argentinos son más solidarios que antes? “La sociedad va varios pasos por delante del sistema sanitario –afirma el director del Incucai, Carlos Soratti–. Eso nos lleva a poner énfasis en el desarrollo de programas. Es la incorporación de estos temas en cada hospital, en cada terapia intensiva, lo que mueve más los resultados, porque la sociedad en sí tiene una actitud mayoritariamente positiva hacia la donación ”.

Argentina se ubica así en el segundo lugar de Latinoamérica (luego de Uruguay) en materia de donación de órganos, y en el primero en tasas de trasplantes hepáticos, cardíacos, pulmonares y renopancreáticos. Pero además de los 1.294 trasplantes con órganos de donantes cadavéricos, se realizaron 215 trasplantes renales y 32 hepáticos con órganos provenientes de donantes vivos. Y se concretaron 74 trasplantes de células progenitoras hematopoyéticas (CPH) con donante no emparentado.

Soratti atribuye estos avances a “un mayor grado de organización sanitaria” . El tema fue incluido en tres reuniones del Consejo Federal de Salud, donde se consideró el Plan Nacional de Desarrollo de Trasplante Renal.

En consecuencia, “los hospitales de complejidad de las provincias comienzan a dar más lugar a los programas de detección de posibles donantes, a garantizar los procesos de mantenimiento del donante, a afinar el diagnóstico, a mejorar el abordaje a la familia para la obtención del consentimiento –señala el titular del Incucai–.

Esto ha tenido impacto en la segunda mitad de 2010, y seguramente lo tendrá más durante este año ”.

Así como detrás de cada trasplante hay dos seres humanos, dos historias con diferente final, detrás de estas cifras hay muchísimo trabajo: para capacitar recursos humanos, para incorporar información en la comunidad hospitalaria, para afinar la comunicación y la coordinación dentro del hospital.

“El hospital tiene que entender que la donación y la procuración son un acto médico”, subraya la doctora Bacqué. Con ese criterio, BAT está formando unidades de procuración en los cuatro hospitales de cabecera: Fernández (ya en funcionamiento), Santojanni (en desarrollo), Argerich y Durand.

Son varios los hospitales porteños que cuentan con un coordinador hospitalario , atento a la detección precoz de un potencial donante, y a la difusión del tema en la institución. Pero una unidad de procuración en los centros de mayor complejidad implicará la presencia permanente de un médico intensivista, un neurólogo y un psicólogo o asistente social.

“Pretendemos equipos interdisciplinarios que puedan hacer la detección del donante, su mantenimiento, el diagnóstico de muerte y el abordaje familiar”, anhela Bacqué. Soratti coincide: “No hay que atribuirle a la sociedad la no obtención del consentimiento. La donación se relaciona más con la adecuada capacitación del recurso humano en situaciones de crisis”.

Pieza clave: los coordinadores
Cuando un paciente trasplantado se va de alta, el reconocimiento se lo llevan los médicos y las enfermeras que lo trataron, junto con los parientes del donante. Pero entre unos y otros hubo siempre un amigo invisible –el coordinador hospitalario–, que consoló a la familia y la persuadió de la donación. “Un trabajo de hormiga”, define la psicóloga Liliana Pierini, quien lo desempeña en el Hospital Vélez Sársfield. Se trata de “que el muerto tenga un nombre”, y de “ayudar a elaborar el duelo. Esa actitud la entienden y, junto con la transparencia del Incucai, ayuda a que los números mejoren”.
FUENTE: Clarin. http://www.clarin.com/sociedad/salud/titulo_0_403759694.html
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