Entrevista – Mario Chiappero


NADA ES IMPOSIBLE”

“Abandonar no es una opción para mí”. Lo dice al pasar, como si hiciera falta aclararlo, mientras cuenta las dificultades que le surgieron en medio de la carrera. Esta nota podría ser una nota más, la de tantos corredores de aventura que desafían los propios límites y ponen a prueba su resistencia en las condiciones más adversas y sobre distancias que a la mayoría nos acobardan de solo pensarlas.

Pero no lo es, esta sí que no es una nota más.

Mario Chiappero no es uno más de los atletas que completaron los extenuantes 110 kilómetros de la Patagonia Run. A punto de cumplir 42 años, y a casi 8 del trasplante de riñón que recibió de su hermana el 27 de mayo de 2014, se sobrepuso a una traicionera lesión de rodilla en medio de la carrera y logró la hazaña de llegar a la meta tras 21 horas y 25 minutos.

Este cordobés de San Francisco, desde hace tiempo radicado en Santo Tomé, Santa Fe, no para. Y ese carácter que a lo lejos parece imbatible tiene una explicación. “Los trasplantados tenemos que aprovechar la vida que nos dieron nuestros ángeles donantes. Hacer lo que nos gusta, ir todo el tiempo por nuevos sueños. Siempre más”, dice. Su ángel donante fue su hermana Florencia. Y su gran tranquilidad es que “ella está muy bien, siempre se sintió excelente. Nunca tuvo inconvenientes y la única sugerencia que recibió fue cuidar el consumo de sal para no exigir demasiado a su único riñón. Pero tiene una vida absolutamente normal, no toma ninguna medicación. Lo único que le haría falta sería actividad física, no con la intensidad que hago yo, pero algo al menos”, se ríe.

Para poner en su justo valor la dureza de la competencia que acaba de cumplir alcanza con un solo dato: 148 participantes, todos acostumbrados a las exigencias del deporte aventura, tuvieron que abandonar. Pero él no. Habla tranquilo, pausado, y su emoción aparece casi sin querer cuando asegura que “no quiero pecar de soberbio, pero sé que me lo gané yo. Me dura la satisfacción y calculo que me va a durar unos días más. Fue emocionante lograr lo que tanto soñé y por lo que tanto luché. Fue durísimo. Pasé cuatro meses de preparación, hacía un año que estaba con esta carrera en mente, todo el foco puesto ahí. Pude terminar entero pese a que la rodilla me jugó una mala pasada en el medio. Pero tome remedios para calmar el dolor y seguir. Abandonar no es una opción para mí”, una vez más, sí, como si alguien tuviera dudas.

Comer sano, hidratarse bien

Cuenta Mario que no le resultó difícil adaptarse a la alimentación aconsejada a los atletas de alto rendimiento. “En realidad fue porque yo ya venía con una alimentación muy saludable desde el trasplante”. Eso sí, una vez que empecé con las carreras de larga distancia, las grandes, de 42 kilómetros o más, cargas de montaña, ultramaratón, tuve que incorporar alimentos a los que no estaba acostumbrado por una cuestión renal. Más que nada el consumo de sal y proteínas. No consumo mucha carne vacuna, pero sí de pollo, cerdo y pescado. Tuve que incluirla por la intensidad de los entrenamientos y para sumar proteínas”, aclara.

Su dieta sumó muchos huevos, frutas y verduras de todo tipo y especialmente muchísima agua. “La hidratación es clave. Agua, agua y agua”, repite varias veces a lo largo de la charla. “Solamente tomo agua y muy rara vez un agua saborizada. Debo tomar entre 3 y 4 litros por día”.

A las harinas las esquiva, con la excepción de la semana previa a las carreras por el aporte de fibras tan necesarias.

Y su alimentación diaria también incluye avena, pasas de uva, leche en polvo, granola, arroz y productos derivados, que incorporó en los últimos meses como galletas con membrillo y queso crema. “Al membrillo también lo llevo en las carreras porque me aporta energía a través de la glucosa que tiene”.

Entrenar a conciencia

Si la alimentación es un aliado clave, el entrenamiento tiene casi el mismo peso en su balanza diaria. Hoy está en un período de absoluto descanso y promete que pasará un mes sin hacer nada para que los músculos y articulaciones se repongan del reciente y extremo esfuerzo.

Su rutina habitual incluye visitas al gimnasio tres veces por semana. Allí realiza ejercicios de musculación, en especial fuerza de piernas “y toda la parte del pecho hacia la cadera, que es una zona fundamental para los corredores de montaña”.

En paralelo, sus entrenamientos de carrera se desarrollan de lunes a jueves. Y los ejercicios varían entre pasadas de 15 minutos a trote ligero; ó 1 minuto rápido, 1 minuto suave y 1 minuto caminando; ó 45 minutos de trote sin descanso. Los sábados es el turno del fondo, siempre por encima de una hora y por lo general entre 2 y 3 horas de corrida.

Además, una vez cada quince días se traslada hasta Paraná, que en su Parque Urquiza le ofrece las cuestas que en Santa Fe no encuentro debido a la planitud de su superficie. “Y si puedo una vez al mes me voy a Córdoba para hacer entrenamiento específico de montaña”: ahí corre entre una hora y media y 3 horas, siempre con su mochila de hidratación y el infaltable membrillo.

Los viernes toca descanso, para llegar pleno al fondo del sábado, y los domingos los parates también son sagrados.

Todo tiene un comienzo

¿Dónde estuvo el origen de su carrera deportiva? Tres meses después del trasplante, cuando le dijeron que podía empezar con algún trabajo suave de abdominales. “Lo que pasa es que al mes de la operación tuve un rechazo y eso me llevó a que me dieran tres dosis de corticoides que me dejaron completamente hinchado”.

Ya en el mes de febrero de 2015, unos nueve meses después de pasar por el quirófano, le sugirieron empezar a correr. “Yo jugaba al fútbol 5 pero era riesgoso por la posibilidad de golpes o pelotazos, entonces me aconsejaron que buscara otra actividad. Me fui a correr un día cerca del Aeropuerto de Sauce Viejo. Al kilómetro y medio casi me muero, no daba más, no podía”, rememora.

Pero sí podía, siempre puede Mario. “Al poco tiempo me enteré que había una carrera en Santa Fe, de la que justo ahora se cumplieron 7 años, y me anoté. Era de 10 kilómetros y yo pensaba ‘cómo no voy a poder con todo lo que he corrido jugando al fútbol’. Bueno, largué y a los dos kilómetros tuve que empezar a caminar porque no daba más. Pero la pude terminar en 1 hora y 6 minutos. No me importaba el tiempo, claro, estaba contento porque la completé”. Fue casi como una primera prueba. Darse cuenta que podía. Y cada vez que se da cuenta que puede, va por más.

“Un día entrenando en la Costanera vi la bandera de un grupo que corría y me acerqué. Me invitaron y me sumé en junio de 2015”. Y ahí llegó otro duro golpe para su vida. Tres meses después que estaba con ellos “falleció Nico por un aneurisma, un chico sano, de 23 años, que se cuidaba… Me tocó estar en el momento de la decisión de donar, o no, los órganos. Lo hablé con su mamá, decidió donarlos y Nico salvó ocho vidas”, recuerda emocionado.

Entonces corrió otra carrera de 10 kilómetros en homenaje a Nico. Y una cosa llevó a otra, y en 2016 pasó de entrenar una vez por semana a dos. Y aparecieron en el horizonte los 25 kilómetros en Desafío Mojón en Córdoba. Y Mario dijo “me meto”. Y ahí conoció a Emanuel Filiponi, otro atleta trasplantado de riñón con el que terminó siendo muy amigo. Y fue por más. Y en 2016, corrió su primera maratón de Buenos Aires. “Parece una locura pero sí, corrí los 42 kilómetros antes que los 21”, admite.

Ganó físico, ganó confianza, ganó coraje y llegó su mudanza al Trail, que lo atrapó para siempre. El aire, la naturaleza, los paisajes, el ambiente, la mística. Todo un combo que lo enamoró perdidamente. “He corrido en lugares increíbles como Ushuaia, Salta, Mendoza, Jujuy, todos hermosos”.

El próximo objetivo a la vista son los 70 kilómetros de La Cumbrecita, “un desafío bastante duro, con un desnivel positivo de 5.000 metros. Para los que no conocen qué significa es la cantidad de metros que hay que subir corriendo. Se va a largar el sábado 18 de junio a las 2 de la mañana, así que también será dura por el frío de la época. Pero nada es imposible”, se mentaliza. Y es imposible no creerle.

Para el año que viene su gran sueño es poder correr una maratón. Piensa en Nueva York o Londres y aclara que todo dependerá de lo económico, pero el objetivo ya lo motiva.

Aclara una y otra vez que no hace locuras, que nunca olvida que es trasplantado y que cumple con estudios médicos rigurosos para evaluar el impacto de las competencias y los entrenamientos en su salud.

Mientras habla se nota que su emoción continúa. “Es que me perdura la satisfacción de haber podido correr los 110 kilómetros en la montaña. Algunos médicos se asustan por las distancias, pero lo tomo con muchísima seriedad, tengo una excelente base de alimentación y de entrenamiento progresivo”.

Sobre el final, antes de la despedida y los agradecimientos, deja un comentario que nos llena de orgullo. “Sería bueno tener una bandera de ADETRA para llevarla a las carreras, promover la donación de órganos y mostrar cómo aprovechamos esta segunda oportunidad que los ángeles donantes nos han dado”.

Mario Chiappero al finalizar los extenuantes 110 kilómetros de la Patagonia Run

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